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​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​Te llevamos a la eterna noche de San Juan​

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El verano, como siempre, se ha hecho de rogar, pero ya lo tenemos aquí. Solsticio. Uno de esos términos que evocan misticismo, rituales… y diversión. Fenómeno tan astronómico como cultural, el Mare Nostrum se llena de oportunidades lúdicas muy cerca del puerto. Es la noche más corta del año, aprovecha el tiempo.​ Aprovecha nuestros trayectos: Palma de Mallorca - Valencia , Barcelona - Mahón , Ibiza - Barcelona​ , ​Ibiza - Valencia​ , ​Mahón - Barcelona , Mahón - Valencia , Palma de Mallorca - Barcelona , Palma de Mallorca - Mahón , Valencia - Mahón​.


1. Menorca, del caballo a la cala​

Érase una vez una representación de los diferentes estamentos de la época medieval de Ciutadella, la segunda ciudad más grande de Menorca y faro occidental de una isla por descubrir: el Caixer Senyor da fe de la nobleza, el Caixer Capellà representa al clero, los Caixers Pagesos juegan el papel de payeses y los Caixers Menestrals hacen las veces de artesanos. Dicen que todo empezó nada menos que en el siglo XIV, y aún hoy los mismos ropajes siguen apareciendo en el casco playero y viejo yamnotano (ciudadelano, pero dicho en plan local). El momento cumbre, claro está, es la noche del 23 al 24 de junio, pero en realidad la fiesta dura casi una semana. ¿Te lo vas a perder?

 Paso a paso

 El sábado anterior al día de Sant Joan, un cordero es velado  durante toda la noche. Su impoluta y obligada blancura es  solo comparable a lo extraño del ritual. S'Homo des Be, que  representa a Sant Joan Baptista, recorrerá descalzo las  calles de la ciudad con el níveo cordero a sus hombros,  precedido por el inconfundible toque del autóctono fabiol.  Por la tarde, para rematar el bendito surrealismo, una  guerra de avellanas estalla en la avenida de la Constitución.  De esas cosas que no verías si no estás en Menorca.

 ​Pero el momento que sale en todas las fotos (cuidado con  los niños) es el Caragol des Born: caballos dan vueltas a la  plaça des Born al ritmo de música de orquesta. La noche del  23 de junio deja paso al Caragol de Santa Clara, esos  mismos jinetes a caballo recorren las calles de Ciutadella y  entran en las casas de la gente. Los jaleos están servidos,  barullos de gente intentando levantar a los corceles (jockey  incluido) como si de una moto haciendo caballitos se  tratara. El día siguiente tienen lugar ​els Jocs des Pla una  especie de juegos olímpicos con sabor a medievo. 

La planificación es el mejor amigo del visitante, pues cada Joc des Pla tiene su lugar asignado y una hora antes suele estar a rebosar. Y nada de hacerte el héroe, aquí los protagonistas son las cabalgaduras y los jinetes, apunte que la gente te recordará al menor amago de falta de respeto. A tan tradicional rito no podía faltarle su pócima: aquí lo llaman pomada, y viene a ser ginebra Xoriguer (menorquina, querrás llevarte una de sus estilosas botellas de recuerdo) con granizado de limón.

La herencia mora se deja sentir también de las carreras de trotones, especie de cuádrigas tiradas por un solo jamelgo que dan espectáculo cada fin de semana en los hipódromos de Ciutadella y Mahón. Si asistes con unas autóctonas abarcas y de vuelta compras una coca bamba, la ensaimada del lugar, habrás sacado sobresaliente en menorquinismo.

No sólo fiesta

Para el descanso del guerrero, opción urbanita en el hotel Tres Sants, castillo cuento de hadas y donde cada habitación es única; u opción rural en el hotelito Sant Ignasi, casa señorial balear de finales del XVIII con más encinas que estancias. Centros logísticos perfectos para llegar a Macarella y Macarelleta, porque venir a Menorca y no dedicar un día a sus calas puede ser motivo de deportación a la Península Ibérica. Encontrar la primera es complicado por el escarpado acceso y el limitado aforo, pero una vez en ella llegar a Macarelleta dando un paseo o incluso nadando es uno de esos placeres que han hecho de esta isla casi un mito. Y ese color de sus aguas nunca se te marcha de la retina.

Para recuperar fuerzas, varios consejos gastronómicos: carquinyols, pequeña galleta crujiente muy dulce; formatjades, empanadillas de carne y requesón, o el figat, mermelada tan espesa que puede cortarse con un cuchillo y el mejor amigo del queso DO Mahón. Para mariscos y peces de todo tipo, el coqueto mercado de la Plaza de la Libertad. Lo mejor es ir con tiempo para hablar con las pescaderas: te dirán recetas de las que representan triunfo seguro. Muy cerca, el restaurante Smoix, cocina mediterránea vista a través de los ojos del chef Miquel Sánchez. Sus eventos "Pinchos made in Spain" deberían ser declarados de interés turístico planetario. Por cierto, aquí a la longaniza negra la llaman cuixot y presenta un toque anisado. Además está ubicado justo entre el castillo de San Nicolás, visita recomendable para huir del bullicio sanjuanero, y la rissaga, fenómeno natural que hace que el mar oscile hasta desbordarse, haciendo que el nivel de los barcos suba por momentos. Un a veces peligroso show, pero siempre poco común.

2. Barcelona, la noche es una verbena​

 Barna no celebra la fiesta de San Juan. Celebra las fiestas de Sant Joan, porque aquí cada  barrio tiene su propia verbena, conocidas como revetlles, y sus propias hogueras, encendidas al  ritmo de la flama del Canigó. La banda sonora la ponen los petardos, reyes nocturnos sobre  todo en la epicéntrica movida de La Barceloneta. Qué ambientazo.

 Pero volvamos al principio de la noche de las brujas, también apodada nit del foc: la flama del  Canigó. El akelarre comienza desde hace más de 50 años portando una llama (flama) desde la  pirenaica montaña del Canigó, donde se enciende, hasta las hogueras que arderán el 23 de  junio, pasando por una gran bienvenida en la Plaza del Ayuntamiento. Dice la leyenda que todo  fuego debe provenir esa luna de tan ilustres orígenes. No hay mucha más tradición, salvo la  siempre apetecible tradición de bailar y charlar toda la noche. Si puedes abstraerse de ese  magnetismo, entrarás en el libro Guinness de los récords.

Hasta que el cuerpo aguante

 Hay tantas verbenas como playas, pero la mayor concentración de conciertos, djs y risas suele  darse en La Barceloneta (no apta para enoclofóbicos, dícese del que tiene fobia a las  multitudes). Desde primera hora de la tarde va llegando gente para hacer picnic en primera  línea, copita de cava o Xibeca en mano, depende del presupuesto. Y como La Barceloneta mola  en Sant Joan, el vecino hotel Arts es la mejor opción para alojarse. Con un hat trick de vistas a  la montaña, al casco urbano y a la playa. Y al Sol, por salir de nuevo, gracias.

 ¿Qué comer? No preguntes a Trip Advisor, pregunta a la pastelería La Gavina por la Coca de  Sant Joan: de crema, de piñones, con fruta confitada, cabello de ángel… pero siempre dulce y  de temporada, como su propio nombre indica. Y para orientarse, mención aparte merece la  App de Sant Joan que cada año actualiza el consistorio de Barcelona. Tan gratuita como útil  para saber dónde estás, dónde debes ir y qué no debes perderte. Por ejemplo, para no  perderte la segunda planta del centro comercial Maremagnum, últimamente residencia de  opciones de pitanza con glamour pero asequibles. Por cierto, aquí el 24 de junio directamente  no existe. Es día no laborable y Barcelona duerme.

 


3. Hogueras en todas las playas

En Valencia la noche de San Juan es una noche de amigos, de sentarse alrededor del fuego para predecir el futuro y olvidar el pasado. Como en un campamento yanqui, pero sin malvaviscos. Los lugares de peregrinación más  apetecibles son las playas de Las Arenas, la Patacona y la  Malvarrosa. Aprovecha que durante toda la tarde se  refuerza el transporte público, porque a medida que se  acerquen las 12 de la noche más difícil será encontrar sitio  para poner la toalla, al más puro estilo Benidorm en agosto.  Conviene estar lo más cerca posible de la mar salada, por  aquello de los siete saltos a olas de espaldas tras los nueve  previos a una hoguera. El rito aquí empieza la noche  anterior, toma nota: una rama de hiedra y un papel blanco c  con un mensaje positivo bajo la almohada, procurando no  dormirse hasta que no se consuma una vela también blanca.  Esto debe de ser para reflexionar sobre lo que has pedido.  

Al día siguiente el papel será quemado en la playa y la  hiedra y la cera sobrante enterrados bajo la arena.

Con tal parafernalia previa, mejor haber cogido fuerzas en Gastro Tasca L'Entrepa, por ejemplo. Porque El Cabanyal siempre merece dedicarle un rato. Pero si eres más de bailotear que de saltar, dos propuestas radicalmente opuestas: el Xufa Rock, festival musical alternativo en la playa de la Patacona d'Alboraia; o Las Ánimas del Puerto, una de esas terrazas de verano que compiten por el título de place to be. En el mítico edificio Docks, en la remozada Marina Real Juan Carlos I, con ritmos diferentes según la sala y con una panorámica que invita a ver amanecer aprovechando que Valencia mira al este.

 

Costa del sol y del fuego

Cualquier guía de Málaga te dirá que saltes la hoguera en la Malagueta, donde más ambiente hay, o en La Misericordia, sede habitual de conciertos, pero un lugareño te dirá por lo bajinis que mejor cojas sitio en Los Baños del Carmen. Antiguo balneario venido a menos, conserva ese rollito íntimo, casi vintage, que tan bien marida con la noche de San Juan. Si llegas tarde y ya no hay sitio, continúa el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso hacia el este. Pedregalejo tampoco está falto de ambiente, y sus terrazas cool son la opción perfecta si no quieres llenarte los pies de arena. Una vez allí, Fossil para carnes a la piedra, Miguelito el Cariñoso o El Caleño para espetos con amor y La Tortuga para los mojitos de postre.

En la Costa del Sol también hay ritual, ojo: deseos escritos en un papel que acabará hecho ceniza, cosas viejas para avivar la hoguera y olor a barbacoa. Ya tienes la moraga perfecta. A medianoche en punto se queman las populares juas (muñecos de trapo, últimamente prohibidos en la playa), justo antes de los tres deseos que debes pedir mientras te das el primer baño de la temporada. Por tradición, está prohibido bañarse antes de San Juan… Y queda algo lejos, pero Estepona propone para la noche más corta su quema de los bigotes. Tan original nombre tiene que deparar algo bueno.

El 23 de junio vayas donde vayas, llévate el bañador. 

Sueños de una noche de, por fin, verano.​

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